ALOCUCIÓN PAGANA
¿Es que, acaso, estimáis que por creer
en la inmortalidad,
os tendrá que ser dada?
Es obra de la fe, del egoísmo
o la desolación.
Y si existe, no importa no haber creído en ella:
respuestas ignorantes son todas las humanas
si a la muerte interroga.
Seguid con vuestros ritos fastuosos, ofrendas a los dioses,
o grandes monumentos funerarios,
las cálidas plegarias, vuestra esperanza ciega.
O aceptad el vacío que vendrá,
en donde ni siquiera soplará un viento estéril.
Lo que habrá de venir será de todos,
pues no hay merecimiento en el nacer
y nada justifica nuestra muerte.
FRANCISCO BRINES
De "Aún no" 1971
Imagen: Monumento funerario del cementerio de Staglieno en Génova.
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enero 07, 2012
junio 10, 2009
FRANCISCO BRINES
Francisco Brines (Oliva, Valencia, 1932) es uno de los poetas destacados de la Generación del 50. Es autor de Las brasas (Rialp; Madrid, 1960), El santo inocente (Poesía para todos; Madrid, 1965), Palabras a la oscuridad (Ínsula; Madrid, 1966), Aún no (Llibres de Sinera; Barcelona, 1976), Insistencias en Luzbel (Visor; Madrid, 1977), Poemas excluidos (Renacimiento; Sevilla, 1985), El otoño de las rosas (Renacimiento; Sevilla, 1986), La rosa de las noches (Cuadernos de Cristal; Avilés, 1986), Poemas a D.K. (El mágico íntimo; Sevilla, 1986), La última costa (Tusquets; Barcelona, 1995) y Amada vida mía (Fundación Salamanca Ciudad de Cultura; Salamanca, 2004). Todos sus versos escritos hasta el año 1997 están recogidos en el volumen Poesía completa (1960 – 1997); Tusquets; Barcelona, 1997.Un poema:
SUCESIÓN DE MÍ MISMO
Es ardiente el pasado, e imposible:
breve noche de amor conmigo mismo.
F.B.
Al aire del jardín
la cama está revuelta de sábanas y luna,
y en ellas está el cuerpo solitario y desnudo.
Velan los ojos, en las sombras del pino plateado,
la hiedra de las tapias,
y la vida furtiva de los astros.
Un bulto juvenil de la penumbra surge
y ha subido sin ropas a mi lecho,
y en la tarea del amor completa
la noche ahora tan breve.
Este mudo muchacho está encendido
de una pasión oscura y alejada,
y sus dientes furiosos y su lengua dulcísima
rescatan de mi carne la densidad del tiempo.
En el azar del mundo su vida ha retornado
con revueltos cabello, y ahora mudo,
y ha cruzado después las puertas de la noche.
Desde el balcón le espío
llegar hasta la esquina de la casa,
y allí ha permanecido en la mejilla de la primera luz.
Con el sol y los pájaros el día se hace largo,
y en la esquina el muchacho ya es este mudo anciano
que vigila el balcón,
allí donde él se mira con un cuerpo aún robusto y fatigado.
Borrada juventud , perdida vida, ¿en qué cueva de sombras
arrojar las palabras?
FRANCISCO BRINES
Poema incluido en el libro Poesía completa (1960 – 1997). Tusquets; Barcelona, 1997.
Imagen: http://www.elpais.com/
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