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noviembre 08, 2015



En la ventana
las gotas de la lluvia fingen llanto
del prematuro rostro frío de este otoño.

Hay días
en la estación que baja
con las nieblas primeras
hacia la fronda aún verde
del jardín tan íntimo,
velados días como tenues telas,
días tejidos en el hueco oscuro,
suspendidos del borde
de los días iguales,
como ayer, como siempre.

(Otoño, 1994)

José Ángel Valente
De su libro: Fragmentos de un libro futuro
Fotografía: María Jesús Silva

octubre 01, 2011

Cómo se pinta un dragón


nunca te quieras satisfacer
en lo que entendieres ( ),
si no en lo que no entendieres.
Cántico espiritual. I, 12

Multiplicador de sentidos, el poema es superior a todos sus sentidos posibles. Y aunque todos ellos nos hubieran sido dados, el poema habría de retener aún de su naturaleza lo que en rigor lo constituye, la fascinación del enigma.

La palabra poética ha de ser ante todo percibido no en la mediación del sentido, sino en la inmediatez de su repentina aparición. Poema querría decir así lugar de la fulgurante aparición de la palabra.

La palabra que de ese modo aparece está grávida de significación, contiene el sentido como posibilidad e infinitud, semilla del sentido, al igual que los lagoi spermatikoi, pensados por los estoicos, contienen las semillas —spérmata— del mundo.

Gime el logos por la encarnación. El logos es la antropofilia de lo increado.

Donde la sobriedad te desasiste está el límite de tu inspiración. (Hölderlin, carta de la primera estancia en Homburg, 1798-1800).

No se trata de que la obra sea breve o larga. No importa escribir poco o mucho. Importa tener la gracia o el don de la «abundancia justa», como quiere Lezama Lima en la «Plegaria tomista» de Tratados en la Habana.

En el Tao, la gestación es ya el nacimiento del ser humano. En la tradición china, la edad de un niño se contaba no a partir de su nacimiento, sino de su concepción.

También el poema nace al comenzar una larga gestación previa a lo que cabría llamar la escritura exterior. (Vive con tus poemas antes de escribirlos, dice en su bella lengua Carlos Drumond de Andrade.) En realidad, el poema no se escribe, se alumbra. Por eso suele aparecer como el Vicio Niño, Lao-tseu, que abandonó la matriz de la madre Lí (cuvo nombre teológico es Doncella de jade del Relámpago Oscuro) a los ochenta y un años.

La corrección nunca es corrección de lo esencial. En el proceso de escritura la palabra tanteante se va encontrando o se va engendrando a sí misma. La corrección consiste sólo en reajustes que la palabra esencial impone. El proceso prolongado al que el poema está sujeto para llegar a ser es el proceso sumergido o radicalmente interior de su gestación. El poema gestado es el poema natural. El poema sobrecorregido es un producto artificial, como una gestación fuera del útero.

En la cerámica china, el contorno aísla lo representado (fénix, murciélago, pez, dragón, rama de almendro) reduciéndolo a su soledad esencial. Loto, almendro, figura humana en meditación, sobre lo blanco, sobre el vacío esencial.

Escribir es una aventura totalmente personal. No merece juicio. Ni lo pide. Puede engendrar, engendra a veces en otro una volición, una afección, un adentramiento. Otra aventura personal. Eso es todo.

Sólo se llega a ser escritor cuando se empieza a tener una relación carnal con las palabras.

El canto del pájaro es líquido. También la palabra poética sólo se reconoce en su fluir.

La poesía no sólo no es comunicación; es, antes que nada o mucho antes de que pueda llegar a ser comunicada, incomunicación, cosa para andar en lo oculto, para echar púas de erizo y quedarse en un agujero sin que nadie nos vea, para encontrar un vacío secreto, para adentrarnos en una habitación abandonada cuya puerta se pueda cerrar desde dentro sin que nadie en el exterior sospeche que una puerta se disimula en el muro, v para estarse allí en el claustro materno, seguros y escondidos, sin que nadie aparezca, sin que nadie nos saque a la luz pública, desnudos e indefensos, nos saque y nos suplicie y nos repita la sorda letanía cotidiana, la letanía aciaga de la muerte.

Cuando, en el camino hacia la escritura, percibimos un ritmo, una entonación, una nota, algo que es, sin duda, de naturaleza radicalmente musical, algo que rernite al número y a la armonía, la escritura ha empezado a formarse. Escribir exige, ante todo, del oído una gran acuidad.

El espíritu es la metáfora de la infinitud de la materia.

Se escribe por pasividad, por escucha, por atención extrema de todos los sentidos a lo que las palabras acaso van a decir.

Crear, en suma, lo que es ya ruina, duración, la piedra fracturada; entrar no ya en el hoy, sino directamente
en la memoria.

JOSÉ ÁNGEL VALENTE
Ginebra, agosto de 1.992
En 'Obra poética', Alizanza Editorial, Madrid, 1999

abril 20, 2011


SÓLO la soledad resuena larga

igual que cola o viento.

Vienen

desde el vacío las palabras,

nos poseen desnudos en su centro abrasado

y en él nos desengendran

para hacernos nacer.

Escucha

como en la soledad despierta,

inaudible, la pura raíz del aire.


JOSÉ ÁNGEL VALENTE

(Segunda oda a la soledad, fragmento)

De su libro Fragmentos de un libro futuro, Galaxía Gutenberg 2000.


Imagen: peluchedesastroso

abril 10, 2010

JOSÉ ÁNGEL VALENTE



CONSIENTO

Debo morir. Y sin embargo, nada
muere, porque nada
tiene fe suficiente
para poder morir.
No muere el día,
pasa;
ni una rosa,
se apaga;
resbala el sol, no muere.
Sólo yo que he tocado
el sol, la rosa, el día,
y he creído,
soy capaz de morir.

JOSÉ ÁNGEL VALENTE
Imagen de la web

abril 13, 2009

JOSÉ ÁNGEL VALENTE

El poeta y ensayista José Ángel Valente (Orense, 1929 – Ginebra, 2000) figura entre los autores más sobresalientes de la Generación de los 50. La segunda parte de su obra estuvo influida por San Juan de la Cruz y otros místicos. Trabajó en la Universidad de Oxford y durante más de veinte años residió en Ginebra. Padeció un Consejo de Guerra en 1972. Principales poemarios: A modo de esperanza (Rialp; Madrid, 1955), Breve son (El Bardo; Barcelona, 1968), Mandorla (Cátedra; Madrid, 1982), El fulgor (Cátedra; Madrid, 1984), Al dios del lugar (Tusquets; Barcelona, 1989), No amanece el cantor (Tusquets; Barcelona, 1992), Fragmentos de un libro futuro (Círculo de Lectores, Galaxia Gutenberg; 2000). Traductor, entre otros, de Constantino Cavafis, John Donne, John Keats, Eugenio Montale, Paul Celan y Dylan Thomas.


Dos poemas:

XIII

En el líquido fondo de tus ojos
tu cuerpo salta al agua
como un venado transparente.


XXXV

La aparición del pájaro que vuela
y vuela y que se posa
sobre tu pecho y te reduce a grano,
a grumo, a gota cereal, el pájaro
que vuela dentro
de ti, mientras te vas haciendo
de sola transparencia,
de sola luz,
de tu sola materia, cuerpo
bebido por el pájaro.

JOSÉ ÁNGEL VALENTE
Poemas del libro El fulgor (Cátedra; Madrid, 1984)