marzo 02, 2014

Boletín actividades marzo 2014
Centro de poesía José Hierro
Lunes 3 de marzo Lunes 3 de marzo
Mª Jesús Silva presenta "El desorden de noviembre"
Ciclo Panorama Literario
Auditorio del Centro, 19.30 h

“Todo ocurre cuando alguien tiene que abandonar una casa, entonces parte de las cosas materiales que habitaron con nosotros nos van hablando, algunas nos cuentan de un pasado, de lo que ocurrió, de cómo fue. Otras nos hablan del presente, de lo que sienten en el momento de ser empaquetadas o relegadas al abandono. Toda la casa es un desorden, porque esa vida está confusa. Ocurre en noviembre, mientras noviembre avanza y nosotros nos alejamos, huimos para siempre de lo que ocupó una parte de la vida.”

febrero 26, 2014




Ellos (miles)
al otro lado de la alambrada
dijeron que estaban locos
que no pensaban las cosas
y saltaban al vacío
desesperados
muertos ya.

Ellos (cientos)
intentaban atravesar las concertinas
ensangrentados
con el paladar reseco y abierto
caían del otro lado
y ya prisioneros
se dejaban hacer
vencidos les recogían
les cubrían con mantas
les curaban las heridas.
Ni siquiera podían hablar
ni quejarse
ni llorar
miraban todo y nada
con sus ojos mansos
llenos de miedo pedían perdón
les daban agua y leche
y a los que sobrevivían
les mandaban de vuelta a su país.

Nuestras vidas se rozaron un instante.

María Jesús Silva

febrero 23, 2014





Casi un ruido o  el rastro de un ruido.  Quizás
arcilla, buque, embozo o temporal.   Tan
brusca  como el cuerno sin hueso de los
rinocerontes.   O tan morosa como una hebra
tensando el espacio invisible de los
márgenes – hebra en equilibrio – 



[piedra,cálamo:
 una 
granada/maraca/sonajero         

con ortigas rojas en su interior]



Una piel  lista para de-mudar, para evadir
sus leñosas formas y permitir la zarza.  Zarza
que sólo arde cuando miro. 



Carmen Crespo

febrero 20, 2014


                                                                                                                             


A Jorge Riechmann

Hay personas, supuestamente inocuas,
cuya respiración
es su respuesta más violenta.
Vienen de miedos anteriores
cuando todo se sofocaba.
Su experiencia de libertad
es limitada y epidérmica.

Sólo en contadas ocasiones
su dignidad, inerme,
sobrevive.
Suelen  tener un discreto
anhelo de infinito
y, a la vez,
una tibia conciencia de fracaso.

No son mero excipiente inofensivo,
no lo son su silencio
ni su acostumbrada obediencia.          

Podría dar algunos nombres,
aunque el rebaño crece
y su acre olor se extiende día a día;
pero está feo señalar.
Pongamos:
                              yo mismo.


José Pérez Carranque