enero 31, 2020


Otros me siguieron y construimos estas cabañas grises de troncos. No es una buena forma de vivir, porque las cosas cuadradas carecen de poder.

El Poder del Mundo obra siempre en círculos porque todo tiende a la redondez. En los viejos tiempos, cuando éramos fuertes y dichosos, nuestro poder brotaba del aro sagrado de la nación y mientras el aro se mantuvo intacto el pueblo prosperó. El árbol floreciente se hallaba en el centro, y lo nutría el círculo de las cuatro regiones. El este daba paz y luz, el mar calor, el oeste lluvia, y el norte con su viento fuerte y frío, le confería fuerza y resistencia. Todo lo que el Poder del Mundo hace, se hace en círculos. Según me han contado, el firmamento es redondo y la tierra es redonda y lo mismo las estrellas. El viento gira en su gran fuerza. Las aves construyen en círculos sus nidos. El sol sale y se pone en círculo, como la luna, y ambos son redondos. Incluso las estaciones forman un gran círculo en su trascurso de una a otra y vuelven siempre al punto de inicio. La vida del hombre es un círculo de infancia a infancia, y lo mismo sucede en todas las cosas en las que el poder reside. Nuestros tipis eran redondos como los nidos de los pájaros y siempre se disponían en círculo en el que el Gran Espíritu deseaba que empollásemos a nuestros hijos.  
Pero los wasichus nos han metido en estas cajas cuadradas.

Del libro ‘ALCE NEGRO HABLA’ de John G. Neihartdt

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