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abril 23, 2011

MÚSICA EN ÍTACA (25)




PEDRO BACÁN

“He hojeado los capítulos de la historia del flamenco en el rostro de un artista. Una amiga, Gema Zabala, infalible al elegir el arte de calidad, pronuncia el nombre de Pedro Bacán (Lebrija, 1951 – Utrera, 1997), y juntos vamos a la actuación del guitarrista en Pamplona. De inmediato escuchamos unos compases desprovistos de la bisutería melódica y de los ritmos simples con que no pocos músicos encandilan a las masas. Los orígenes del flamenco se reflejan en Pedro Bacán. Sus dedos pulsan y pisan las cuerdas del instrumento, transmiten una corriente y se enciende la cara de labios apretados. En esa pantalla que es su semblante desfilan los bailes provocadores de las mujeres íberas que describe Juvenal, las canciones de los indios contratados para las fiestas andaluzas, las tradiciones de los gitanos que huyen del régimen de castas de la India, el humo de los cafés cantantes. Y las facciones de Bacán tienen voz: suenan las tonás carceleras y los martinetes de la fragua, la siguiriya, la saeta, la soleá y sus derivados de nombres inexplicables (alborea, romera, mirabrás), la petenera quizá judía... (…) Los carteles anuncian su nueva visita a París, pero Pedro Bacán muere en un accidente de tráfico. “La guitarra quedó indemne”, me cuenta un primo del fallecido. El resumen del flamenco sigue en el rostro que recuerdo”.

FRANCISCO JAVIER IRAZOKI (Fragmentos del libro La nota rota; Hiperión, 2009)

abril 09, 2011

MÚSICA EN ÍTACA (24)





HOMBRES DEL DESIERTO

“Aquí están también los hombres.

(…)

Anochece en el Sáhara y brindamos por Cheb Mami (Saïda, 1966), que desde muy joven canta en las bodas del sur argelino. Se llama Khélifati Mohamed. La fama la obtiene por Desert rose, un tema interpretado a dúo con Sting, pero es una anécdota en el camino que va de los concursos radiofónicos locales a los conciertos en las ciudades de Europa y América. Y en París, donde se aprecia la vía abierta por Cheb Khaled o el asesinado Cheb Hasni, Mami acentúa su cosmopolitismo y añade aires de Turquía y Grecia al raï, y hasta lo espolvorea de funk y flamenco. El buen gusto cohesiona los materiales, y los escasos tres minutos de su Trab 2, con arreglos sabios de Ftati Mejdoub, son el ejemplo. Todo servido por una voz de muecín laico que no convoca a la oración sino a los amores físicos.
De arenas más lejanas viene la música del otro artista cuyos discos suenan en la radio de pilas. Ya noche cerrada, apunto el nombre de Ali Farka Touré (Gourmararusse, 1939), noble maliense convertido en granjero. Luego, en Francia, me cuentan la historia del niño aristócrata que toca el gurkel y el njarkala (guitarra y violín de una sola cuerda), con los ruidos de la lenta marcha de un conductor de rebaños, y que se transforma al conocer el blues de John Lee Hooker. Los amigos me hablan de un Bamako de “orquestas calientes”. Allí los pastores nómadas se dejan fotografiar encorbatados y exhiben sus trompetas, y el serio Farka Touré se aparta. A principios de los años noventa graba con Ry Cooder un álbum de éxito internacional, Talking Timbuktu, pero no cede ante las ilusiones del dinero; necesita quedarse en su pueblo sin luz eléctrica. El retrato de un músico contemporáneo de Ali Farka Touré, Momo Wandel Soumah, cantante violento y saxofonista delicado, resume el espíritu de la generación. Wandel pone la boca de su instrumento bajo el gran chorro de agua que sale del grifo de una fuente pública. Son creadores que proceden de familias pudientes, renuncian a los privilegios y llenan de gracia popular sus composiciones. Ali Farka Touré muere en Bamako en 2006.
A la mañana siguiente, en los sorbos del té a la menta humean estos dos recuerdos musicales”.


FRANCISCO JAVIER IRAZOKI
(Fragmentos del libro La nota rota; Hiperión, 2009)

marzo 21, 2011

MÚSICA EN ÍTACA (23)





MUJERES DEL DESIERTO


“Sólo he estado una vez, rodeado de amabilidades, en el Sáhara. Ha sido suficiente para conocer la pericia de sus mujeres al preparar una aromática y fresca gastronomía, y también para que yo tome los primeros sorbos de una música mal conocida.

(…)

A la espera de un nuevo manjar, paso mucho tiempo mirando una foto del conjunto maliense Tartit, que significa “unido”. Una decena de mujeres risueñas sentadas en el suelo. Me llama la atención una que no sé de dónde saca tanta alegría, sobre todo después de los inicios del grupo. Son tuaregs perseguidas por el ejército de Malí, refugiadas en campos mauritanos, unidas en Bélgica para la música. Hay quien defiende, más allá de la estampa de hombres con velo azul, que la palabra tuareg quiere decir “abandonados por Dios”, y he aquí un nomadismo sin aderezos románticos. Su trashumancia parte de la ciudad de Tombuctú, acarrea instrumentos como el tindé (un tambor que sirve igualmente para guardar comestibles) y se contagia del ritmo de los campamentos del éxodo. La solista suelta una voz ondulante. Detrás, la compañía de dos o tres hombres.

(…)

Y al fin me detengo en un oasis que se llama Rokia Traoré. Nacida en Bamako, en 1975, esta mujer de bella cabeza rapada, labios sensuales y cuello adornado con collares no canta desde la miseria. De origen noble, es hija de diplomáticos y ha cursado estudios superiores en Europa. No obstante, escribe en lengua bamana las letras de las canciones, crea con técnicas populares y su finura aristocrática se adapta a un fondo trenzado con las cuatro cuerdas del laúd ngoni y el tañido de la percusión djembé. Y acepta los consejos de Ali Farka Touré, el patriarca del blues africano. Mejor apartarse para que hable Jean Trouillet: “En Malí se dice: los hombres pueden tocar bien un instrumento. Pero se debe dejar el canto a las mujeres. No se duda un instante escuchando la voz de Rokia Traoré, a la vez dulce e invasora, plena de nostalgia y esperanza”.
A menudo empiezo el día con algún tema del primer álbum de Rokia, Mouneïssa. Su elegancia y su ligereza son para echarse a vivir”.


FRANCISCO JAVIER IRAZOKI
(Fragmentos del libro La nota rota; Hiperión, 2009)

marzo 12, 2011

MÚSICA EN ÍTACA (22)





JOHN COLTRANE

“El padre era sastre, pero llevaba el veneno de la música en sus dedos de violinista y clarinetista aficionado; la madre tocaba el piano en la iglesia del distrito. John Coltrane (Hamlet, Carolina del Norte, 1926 – Nueva York, 1967) se cría en un ambiente de pasión musical y religiosa, con un abuelo que escribe sermones y predica delante del coro que después canta gospel negro.
Coinciden quienes lo retratan en la niñez y en la adolescencia: Coltrane tiene un carácter tímido y conciliador; pasa muchas horas en la cocina familiar, donde repite con el saxo alto y el clarinete unos compases endemoniados; le gustan las películas de los hermanos Marx, pero sobre todo el nihilismo silencioso de Harpo. La muerte prematura del padre, cuando John sólo cuenta trece años, deja una herida que no se alivia con la práctica deportiva.
En 1943, la familia fija su residencia en Filadelfia, urbe que, por estar situada cerca de Nueva York, permite a John Coltrane el encuentro con los más relevantes jazzmen de la época. Se describe a un Coltrane que escucha extático, con los dedos quemados por el cigarrillo, las improvisaciones de Charlie Parker. Ya actúa en las orquestas de King Kolex y Joe Webb, acompaña a cantantes y analiza, con su amigo Jimmy Heath, cada detalle de los solos de Lester Young. Este rigor, que nace de su deseo de rebasar fronteras del conocimiento («Parto de un punto y voy lo más lejos posible. No sé qué busco. Algo que jamás ha sido tocado»), persiste en él hasta los últimos días. A menudo causa problemas en los hoteles donde se hospeda porque, a horas intempestivas, sigue trabajando con tenacidad inflexible”.


FRANCISCO JAVIER IRAZOKI
(Fragmento del libro La nota rota; Hiperión, 2009)

febrero 23, 2011

MÚSICA EN ÍTACA (21)





LUDWIG VAN BEETHOVEN

“El abuelo belga, cantante y director de la orquesta de cámara de la corte, y el padre tenor imponen los pentagramas; éste y una abuela se abandonan a la desmesura etílica. El niño es excesivamente serio para su corta edad, y entristece al enfrentarse a las debilidades de un progenitor que se escuda en cualquier rigorismo. Entiendo bien la frase del Beethoven adulto: “No reconozco en ningún hombre otro signo de superioridad que la bondad. Allí donde la encuentro está mi hogar”.

(…)

Los historiadores consideran a Beethoven el mejor pianista de su tiempo. Lo mismo opina un chambelán que le costea los viajes a Viena y los cursos impartidos por Wolfgang Amadeus Mozart y Joseph Haydn. No obstante, al joven no le resulta fácil el trato con el esquivo Mozart o el paternalista Haydn, y las tres cimas del clasicismo se ignoran con orgullo. Como Ludwig ha estudiado literatura en la universidad de Bonn, busca el diálogo con Johann Wolfgang Goethe. Recibe otro desplante, y pienso que en las manos de Beethoven la decepción es buena afiladora de palabras: “A Goethe le gusta demasiado el aire de la corte. Más de lo que conviene a un poeta”.

(…)

Los síntomas iniciales de la sordera de Beethoven se manifiestan cuando el músico tiene sólo veintiséis años. Cada nuevo día es un ladrillo del muro que le dificulta la comunicación. Pero en ese aislamiento se refuerzan las libertades artísticas y se produce la emancipación revolucionaria. Sobre todo al final, en el periodo de los Cuartetos de cuerda, una etapa que Victor Hugo acierta a definir: “Parece que vemos a un dios ciego crear soles”.

(…)

Ludwig van Beethoven muere de una cirrosis tuberculosa. Si miro la reproducción del testamento redactado con caligrafía de insurgente, veo el fondo de su música.


FRANCISCO JAVIER IRAZOKI
(Fragmentos del libro La nota rota; Hiperión, 2009)

febrero 11, 2011

MÚSICA EN ÍTACA (20)






JACO PASTORIUS

Su padre, floridano, es percusionista y cantante de jazz, y John Francis Pastorius (Norristown, Pensilvania, 1951 – Miami, 1987) empieza la infancia escuchando ese tipo de música.
La rotura de un brazo durante un partido de fútbol aumenta su interés por los instrumentos musicales. Deja a un lado las baquetas de la batería, y aprende a tocar el saxo y la guitarra. Funda grupos de rhythm’n blues y rock, los estilos que mejor cuadran con su adolescencia rebelde. Las demás aficiones consisten en robar vehículos, pasar las noches al raso, pelearse con bulla. Cualquier error que haga pedazos el tedio que le causa el Florida paterno.
Termina la adolescencia en un quirófano. Le corrigen el brazo mal curado, e inmediatamente se esfuerza por dominar la técnica del bajo eléctrico. Está dotado como pocos. Hasta tal punto que, cuando Jaco Pastorius tiene dieciocho años, nada menos que Jimi Hendrix desea contratarlo. Para su sorpresa, la estrella recibe una respuesta negativa. ¿Por qué? “Porque no soy más que un perro errante”, dice el joven. Es probable que en esa contestación haya menos modestia que soledad airada.

(…)

Jaco Pastorius muere sin haber cumplido los treinta y seis años. Quiere colarse de rondón en un bar de Miami y es retenido por los vigilantes del local. Le propinan una paliza y lo dejan inconsciente sobre el pavimento. Se apaga muy despacio en el hospital. La muerte es lenta, pesada en el movimiento, ante su vida tan ligera.


FRANCISCO JAVIER IRAZOKI
(Fragmentos del libro La nota rota; Hiperión, 2009)

enero 22, 2011

MÚSICA EN ÍTACA (19)






MICHEL PORTAL

“El periodista Xavier Prévost hinca su ingenio en el centro de la diana: Michel Portal es el Fernando Pessoa de la música de nuestro tiempo. Sin usar heterónimos, compagina mundos estéticos tan variados como los del poeta de Lisboa. Ya en el aprendizaje mezcla las corrientes renovadoras y las melodías populares del País Vasco. Y, aunque gana concursos internacionales o el primer premio de clarinete del Conservatorio de París, no se queda atrapado en la obra de Johannes Brahms. Participa en orquestas de baile y lo contratan para que amenice las picardías de la sala Les Folies Bergères. También compone un sinfín de páginas para películas de todo tipo. Paralelamente, se adentra en el jazz más libre con el trompetista Bernard Vitet y el pianista François Tusques, y en 1969 crea (con Jean-Pierre Drouet, Vinko Globokar y Carlos Rogue Alsina) New Phonic Art, un grupo de amantes de la improvisación. Enseguida funda su Michel Portal Unit, que tiene las puertas abiertas para cualquier aventurero con talento, y forma un dúo con la bailarina californiana Carolyn Carlson. Por último, es meritorio que logre respeto como concertista solitario o de cámara en la finca cerrada de la música clásica, donde trabaja con Maria João Pires, Youri Bashmet, Mikhail Rudy y otras estrellas. Varios de los compositores prestigiosos de la segunda mitad del siglo XX (Karlheinz Stockhausen, Pierre Boulez, Luciano Berio) le piden ayuda, porque la técnica de Portal garantiza una interpretación exacta de sus partituras intrincadas. Ahora, mientras él marca el ritmo con el pie, me pregunto quiénes dominan parcelas musicales de tanta diversidad.

(…)

Después de la actuación de Michel Portal, escucho un tema de su álbum Burundi. Para añadir intensidad a un pasaje de La parole errante, pieza de teatro de Armand Gatti, el director de escena pone ese disco. Del saxo de Michel Portal salen sonidos inhabituales: un perro carraspea entre percusiones rápidas y emite ladridos cortos. Creo que ni Fernando Pessoa previó una voz tan diferente”.

FRANCISCO JAVIER IRAZOKI
(Fragmentos del libro La nota rota; Hiperión, 2009)

enero 09, 2011

MÚSICA EN ÍTACA (18)









FRANK ZAPPA

“Bufón contra el puritanismo, de Frank Vincent Zappa (Baltimore, 1940 – Los Ángeles, 1993) se resalta su talento inclasificable. Una mezcla de Lenny Bruce, cómico de genio áspero, y Charlie Parker interesado por Anton Webern y la Escuela de Viena. Teddy Bautista amplía el retrato: «No he conocido a nadie tan inteligente en conceptos globales, no sólo en música».
A los doce años, Frank Zappa, que ya toca la batería, queda fascinado por Ionisation, la obra que el francés Edgar Varèse compuso para treinta y cinco instrumentos de percusión. El segundo deslumbramiento se llama La consagración de la primavera, de Igor Stravinsky. Pero igualmente le interesan los ritmos de los negros y chicanos que frecuenta en el liceo, y sus primeros conjuntos musicales (Ramblers, The Blackouts) escogen el rhythm’n’blues. Pronto empieza a colaborar con un joven cantante y saxofonista californiano, Captain Beefheart, que con su voz de lobo (dicen que abarca cinco octavas) une el blues, el rock y el free-jazz. Van a compartir casi dos décadas de rencillas y reencuentros, hasta que por fin la caravana de Beefheart se pierde en el desierto de Mojave, donde se dedica a pintar.

(…)

A los cuarenta años publica, con el título genérico Shut up n’play your guitar, tres discos que prueban su virtuosismo como guitarrista, y ahí se le rinden, de un solo tiro, los reaccionarios y modernos. Tanto es así que, allá por 1983 y 1984, la Orquesta Sinfónica de Londres y Pierre Boulez y su Ensemble Intercontemporain se apresuran a interpretar, sin arrugarse el esmoquin, las creaciones de aquel abanderado de la contracultura. Él aprovecha la buena ola para difundir su mordacidad política, con Ronald Reagan y George Bush convertidos en muñecos de pim pam pum a los que lanza sus burlas, y, al igual que Coluche en Francia, es candidato a la presidencia en EE UU. Estamos en 1988, y creo recordar que durante un tiempo la Casa Blanca tiene cambiado el color, a causa del susto. Los pobres financieros consideran a Frank Zappa un émulo de Heliogábalo, el anarquista coronado”.


FRANCISCO JAVIER IRAZOKI
(Fragmentos del libro La nota rota; Hiperión, 2009)

octubre 12, 2010

MÚSICA EN ÍTACA (17)




JOSQUIN DESPREZ


Muchos opinan que es la cumbre musical del Renacimiento, pero nadie sabe dónde nació ni cuándo. Me parece un alivio, ahora que se exalta la pertenencia a un territorio bien vallado mentalmente desde los orígenes. Sus biógrafos sugieren una imprecisa fecha de nacimiento («hacia 1440») y dicen que es «compositor franco-flamenco»; hay quien se aventura a declararlo originario de Beaurevoir, población picarda. Las divertidas incertidumbres afectan incluso a la grafía del apellido: la facción partidaria de llamarlo Des Prés no renuncia a su capricho, aunque se impongan los que hacen la guerra bajo el estandarte Desprez. Teníamos al menos la certeza de que fue discípulo de Ockeghem, pero últimamente han surgido investigadores irascibles que agitan pergaminos y añaden dudas. Queda una salida: que escuchen Déploration sur la mort de Johannes Ockeghem (nymphes des bois), la muy bella canción de Josquin interpretada por Dominique Visse y su Ensemble Clément Janequin, y callarán emocionados.


(…)


En resumen, Desprez pasa unos cuarenta años en Italia. Recibe la influencia cultural del país que lo acoge, pero quizá sean más valiosas sus aportaciones a los italianos: una técnica que supera las habilidades de Guillaume Dufay, la maestría en el tratamiento de las voces, el contrapunto de la escuela flamenca, la elegante armonización de la música instrumental. De los italianos aprende su lirismo melódico y el gusto por la claridad. Con la unión de estos elementos, se convierte en uno de los mejores representantes de la polifonía vocal.


(…)


En cuanto a las huellas de Desprez en los músicos posteriores, el humanista suizo Henricus Glareanus, amigo de Erasmo y teórico del Renacimiento, exagera cuando dice que Josquin es perfecto y que después de sus creaciones sólo nos espera la decadencia. Sin embargo, su estilo a capella, el uso refinado de las alteraciones y su forma de fundir las canciones populares en una estética culta se transmiten en la escuela de Viena fundada por Adriaan Willaert, e impresionan especialmente a Heinrich Schütz, introductor de la ópera en Alemania. El propio Lutero cuenta que tiene el hábito de cantar los motetes de Desprez”.



FRANCISCO JAVIER IRAZOKI

(Fragmentos del libro La nota rota; Hiperión, 2009)

septiembre 15, 2010

MÚSICA EN ÍTACA (16)

NICO

“A los diecisiete años es la maniquí mejor pagada de su ciudad, se pasea por París de la mano de Coco Chanel, desfila en Nueva York y gana sumas turbadoras de dinero. Ya se ha convertido en Nico cuando merodea por los círculos de la vanguardia artística parisiense, hace amistad con Salvador Dalí y llama la atención de Federico Fellini, que le ofrece un papel en su película La dolce vita. Siempre dispuesta a emprender nuevas aventuras, va a instalarse en Londres, donde inicia con Brian Jones (el guitarrista de Rolling Stones que aparece ahogado en la piscina) una larga serie de amores difíciles. A poco de publicar su primer disco, I’m not saying, conoce a Andy Warhol.

Ahora se hospeda en el célebre Chelsea Hotel de Nueva York. Nico sale de las clases del Actor’s Studio, que le parecen soporíferas, pasa por un cabaré y entra en el enjambre de la Factory de Warhol. En esa bohemia se disuelven los últimos restos del catolicismo estricto de su infancia. Los tiempos están cambiando, le dice un novio llamado Bob Dylan, y ella se sube a la ola más moderna del cine; actúa en el filme Chelsea girl de Paul Morrissey. Pero la ocasión musical le llega en 1966, pues Andy Warhol la convierte en vocalista de Velvet Underground, un grupo creado por Lou Reed y John Cale (éste alumno de Iannis Xenakis y John Cage). Entre sus compañeros ataviados de negro y algo aturdidos por las imágenes y luces psicodélicas que Warhol proyecta sobre el escenario, Nico interpreta unas canciones emparentadas con los mundos de Edgar Allan Poe y Charles Baudelaire. Su voz poderosa y grave impresiona tanto como la poesía inquietante de Lou Reed. En 1967 se edita un álbum en cuya portada vemos el famoso plátano pintado por el gurú Warhol.

(…)

El 18 de julio de 1988 Nico circula en bicicleta por las cercanías de su granja de Ibiza. Va vestida con los abalorios del nihilismo cuando cae fulminada por un ataque cerebral”.


FRANCISCO JAVIER IRAZOKI

(Fragmentos del libro La nota rota; Hiperión, 2009)


El escritor y poeta Francisco Javier Irazoki tiene una página web donde podéis seguirle más de cerca, os dejo el enlace y os recomiendo su visita, es entrañable. http://www.franciscojavierirazoki.com/

julio 20, 2010

MÚSICA EN ÍTACA (15)

HEITOR VILLA-LOBOS

"Esta es la vida de alguién que necesita huir.

Protegido por la madre de origen indio y el padre de ascendencia española, Heitor Villa-Lobos (Río de Janeiro, 1887 – 1959) asiste a las veladas de música de cámara que organiza su familia. Pero de la calle le llegan las melodías de unos cantores populares, los seresteiros. El niño desoye al padre que le ha enseñado a tocar el violonchelo y el clarinete, y deja la casa lujosa. Sólo en el desorden de los cafés se aquieta su gusto por la fuga.

El adolescente Heitor viaja con deseos de escuchar las leyendas amazónicas, las canciones rurales, los ritmos de Bahía, y confiesa que el mapa de Brasil es la primera partitura musical que descifra. Indaga en las tres culturas -la india, la negra, la europea- de su país; se le conoce por el sobrenombre Tuhu (llama) y asegura, quizá con ironía carioca, que ha vivido en una tribu de caníbales. Su expedición dura siete años. “Me han dado por muerto, y mi madre ha encargado misas para el descanso de mi alma”, dice con carcajadas de prófugo.

(…)

Otra marcha continúa: como si quisieran imitar a su inventor, muchas de las páginas que Villa-Lobos nos ha legado caen se los catálogos, desaparecen de los archivos y se esfuman en la polvareda de unas pérdidas misteriosas".

FRANCISCO JAVIER IRAZOKI

(Fragmentos del libro La nota rota; Hiperión, 2009)

julio 06, 2010

MÚSICA EN ÍTACA (14)



JANIS JOPLIN


¿De dónde viene la voz que nos impresiona? Janis Lyn Joplin (Port Arthur, 1943 – Hollywood, 1970) nace cerca de un lago, al sureste de Texas, en una familia burguesa. El padre es dirigente de una compañía de petróleo, y la madre trabaja en una escuela de comercio, pero no logran influir sobre la muchacha, que cuenta con dos asideros: el blues y los libros de poemas. La emperatriz errante y pobre que canta en la calle, Bessie Smith, y el bluesman que transmite en las canciones su experiencia carcelaria, Leadbelly, son los maestros musicales. Aún menor de edad, se despide de la familia y actúa en los bares de Houston. Acaso para tranquilizar la conciencia, hace un gesto con la cara vuelta hacia el hogar lejano: se matricula en la universidad de Austin.


(…)


Al miedo llamado Dios se le han pedido muchas cosas. Pero uno de los mejores cócteles de angustia, ironía y cinismo lo prepara Janis Joplin para solicitarle a la divinidad un coche Mercedes Benz. Y, sin que suene ningún instrumento en la canción, Janis mezcla los ingredientes de la bebida agitándolos con una risa final”.


FRANCISCO JAVIER IRAZOKI

(Fragmentos del libro La nota rota; Hiperión, 2009)

junio 20, 2010

MÚSICA EN ÍTACA (13)

LESTER YOUNG

“El encantamiento musical que me produce Lester Young está asociado al carácter esquivo del jazzman. En una época en que los saxofonistas deben esponjarse con solos fulgurantes, Lester elige una contención delicada. Saca provecho de la timidez. No en vano su modelo se llama Frankie Tram Trumbauer, un aviador que en los años veinte y treinta extrae del saxo los sonidos más puros y abandona de manera definitiva los escenarios.

(…)

Se separa de su primera mujer cuando conoce a Billie Holiday. La madre de Lady Day alquila un cuchitril al saxofonista, y Billie apenas sale del cuartucho donde los dos jóvenes trabajan y se consuelan. La chica pone un sobrenombre al amigo: Prez, apócope de President. “Lester canta con el saxo”, afirma. Así empieza un diálogo de cinco años entre dos heridas complementarias, y las angustias encajan en decenas de canciones que el productor John Hammond va grabando; así Young y Holiday entran juntos en la historia del jazz. Los imagino, como Noël Balen, unidos en el mismo soplo desesperado”.

FRANCISCO JAVIER IRAZOKI

(Fragmentos del libro La nota rota; Hiperión, 2009)

junio 06, 2010

MÚSICA EN ÍTACA (12)





JIMI HENDRIX


“Entre sus ancestros hay una princesa cheroqui, irlandeses, cerealistas blancos y mineros negros. La abuela materna y el padre, bailarines de vodevil, se sustentan con el oficio artístico.

John Allen (rebautizado James Marshall Hendrix) nace en Seattle, Washington, en 1942. La madre dipsómana mina la juventud en francachelas de pobre y muere de cirrosis, sin que el hijo deje de recordarla “maravillosa”; el padre adusto increpa al niño harapiento que no es admitido en una iglesia baptista. Insociable, aficionado a la astronomía y futbolista tartamudo, Jimi Hendrix se atrinchera contra una infancia adversa.

Me acuerdo bien de las palabras de uno de sus amigos de adolescencia. El zurdo Jimi toca sin inspiración la guitarra en un grupo juvenil y, de repente, se produce el cambio. Los compañeros escuchan sorprendidos los extraños acordes de Hendrix. “La genialidad es una larga paciencia”, repetía como salmodia el naturalista Georges Louis Buffon, y es cierto que esas chispas musicales han salido después de incontables horas de jazz, blues y cantos religiosos. La pesadilla hogareña y los diálogos callejeros con Little Richard endemonian las manos del joven guitarrista. Y la música de Jimi seduce a tal punto que su padre compra un saxo y se suma a los conciertos del muchacho.

(…)

Ya no prende fuego al instrumento en los escenarios, sino que a partir de una noche de septiembre de 1970 él mismo, vencido por los somníferos en una ambulancia de Londres, es el icono quemado de mis quince años”.

FRANCISCO JAVIER IRAZOKI

(Fragmentos del libro La nota rota; Hiperión, 2009)

mayo 20, 2010

MÚSICA EN ÍTACA (11)





CLAUDIO MONTEVERDI


“He aquí un caso de consenso: Claudio Giovanni Antonio Monteverdi (1567–1643) es, con Guillaume de Machaut, Ludwig van Beethoven y Claude Debussy, uno de los principales innovadores del lenguaje musical. Tiene herederos audaces, pero todos ellos se guían con la brújula del creador italiano.


Nacido en una familia culta y acomodada de Cremona, ciudad de Lombardía célebre por ser la patria de fabricantes de violines, se educa al lado de Marc-Antonio Ingegneri. Su padre, Baldassare, es un médico prestigioso; el hermano Giulio Cesare, también compositor, alcanza cierta notoriedad al defender la obra de Claudio en un debate. Monteverdi, adolescente de quince años, publica Sacrae Cantiunculae tribus vocibus, poco después aparecen sus Madrigali spirituali y Canzonette a tre voci, y en 1590 se pone al servicio de Vicenzo Gonzaga, duque de Mantua, a quien acompaña durante más de dos décadas. Desempeña diferentes cargos (cantor, violista, maestro de capilla) y, aunque solamente tenemos noticias del carácter de este músico en su etapa crepuscular, cuesta imaginarlo satisfecho con las empresas de disparate o los caprichos bélicos de su mecenas, que ayer combatió contra los turcos y hoy se pavonea en bodas florentinas. En 1595 Monteverdi se casa con la cantante Claudia Cattaneo. Algo más tarde se inicia una controversia estética, el «affaire Artusi», entre el canónigo y teórico Giovanni Artusi, reaccionario que analiza con metódica lucidez, y Claudio y Giulio Cesare Monteverdi, que proponen la experimentación revolucionaria. La polémica dura cerca de ocho años”.

FRANCISCO JAVIER IRAZOKI

(Fragmento del libro La nota rota; Hiperión, 2009)

mayo 05, 2010

MÚSICA EN ÍTACA (10)

ERIC BURDON


“Es marzo de 1992, y los carteles anuncian el concierto de Eric Burdon en Puente la Reina, pueblo navarro de unos dos mil quinientos habitantes. Para convencerme de que no es una broma del surrealismo local, acudo a la cita.

No sé con qué ardid consigo entrar en la discoteca antes que ésta se abra al público. Recorro la sala, un sitio idóneo para almacenar productos agrícolas y aperos de heavy metal. Aquí está Burdon, como un labrador que, indolentemente acodado en la ventana, espera la caída de una fina lluvia de espectadores sobre su tierra de rhythm’n’blues cultivada durante más de treinta años. Paso diez minutos en silencio junto al hombre pequeño y fuerte.

(…)

Por fin Eric empuña el micrófono, y me pregunto cómo van a sonar sus canciones entre los regüeldos de los bebedores de cerveza. La duda se disipa tras el primer tema y no regresa en toda la velada. Contra las deficiencias del recinto, sobre una escueta base rítmica, la voz sube y sube. Nunca he visto a lo rudimentario ceder tan rápidamente ante la calidad. Burdon envejece, pero no el buen gusto, y, porque no necesita inventarse tragedias, dice con distinción su desgarro. Este detalle lo emparenta con los bluesmen primitivos: canta sin dolor comercial. El grito de Eric Burdon no es artificioso, sino que sale de la mina donde trabajaban sus antepasados.

A media noche, cansado, de despide con sobriedad.

Me parece el músico más elegante del barrio de los pobres”.


FRANCISCO JAVIER IRAZOKI

(Fragmentos del libro La nota rota; Hiperión, 2009)

abril 20, 2010

MÚSICA EN ÍTACA (9)

PACO DE LUCÍA

“La posguerra española del siglo XX luce sus ruinas en blanco y negro. El padre del niño es un guitarrista que ameniza las fiestas nocturnas de los señoritos gaditanos y que a la mañana vende verduras en un puesto instalado al aire libre. A pesar de sus esfuerzos, no puede seguir pagando los estudios elementales del hijo de nueve años, y éste abandona la escuela para aprender a tocar la guitarra. No es ninguna tragedia, a juicio de un chico despierto y laborioso cuya habilidad deslumbra al guía del flamenco de entonces: Niño Ricardo. Tanto trabaja encerrado en su habitación, que el vecindario cree que un disco gira sin parar en la casa de los Sánchez.

(…)

El padre vuelve a hincar su intuición en el centro de la diana: la familia Sánchez se establece en Madrid. Así saltan centellas cuando Camarón de la Isla y Paco de Lucía colaboran. Al cantante le hubiera gustado ser un virtuoso de la guitarra, y al instrumentista cantar con la potencia desgarradora de su compañero. Nunca, en la historia del flamenco, las pasiones insatisfechas han sido sustituidas con tanto acierto. Los dos jóvenes se juntan en cualquier barucho o esquina, buscan nuevas fórmulas, orillan dificultades y van sin prejuicios a los estudios de grabación. Cumplida esa etapa, poco a poco dejan de acompañarse, y no es por culpa de la vida bohemia de Camarón o del éxito de Paco, en 1973, con una rumba graciosa: Entre dos aguas. La costumbre no debe disminuir la intensidad con que han experimentado”.

FRANCISCO JAVIER IRAZOKI

(Fragmentos del libro La nota rota; Hiperión, 2009)

abril 06, 2010

MÚSICA EN ÍTACA (8)

LEONARD COHEN


“Él nace en una familia de inmigrantes conservadores. Su padre, militar, viene de Bielorrusia. La madre, judía lituana que enseña al hijo los cánticos religiosos, huye del estalinismo. Leonard dice no sufrir por las reglas estrictas de la casa, y sólo la muerte paterna evita su ingreso en el ejército profesional.

Antes de comenzar los estudios universitarios, memoriza las páginas de Federico García Lorca y Willian Butler Yeats, y aprende el cancionero folk. Después, las aulas son un albergue para tocar el banjo y la guitarra con los amigos. De noche, sobre un fondo de música de jazz, lee en público sus poemas.

A los veintiún años publica el libro de versos Let us compare mythologies, y en la naturaleza del joven se perciben los dos hilos rojos que lo conducen hasta la vejez: la austeridad y un deseo de escapar del remolino urbano. La escritura le parece “lo contrario de la abundancia, lo contrario del lujo. Es más bien un trabajo de trapero”. En 1959 se establece en Hydra, isla griega al sur de Atenas, donde lleva una vida de artista sobrio y apartado.

(…)

En la última década del siglo XX, Cohen se adhiere a una comunidad zen afincada en Mont Baldy, en las cercanías de Los Ángeles, y dirigida por el monje octogenario Sasaki. Se levanta a las dos de la mañana; medita; friega una pila de tazones, cucharas y palillos; prepara el desayuno de los compañeros”.


FRANCISCO JAVIER IRAZOKI

(Fragmentos del libro La nota rota; Hiperión, 2009)

marzo 20, 2010

MÚSICA EN ÍTACA (7)




BILLIE HOLIDAY


“Abandona el nombre real, Eleanora, en la niñez, cuando también deja atrás la vivienda de su madre y se emplea de criada. Su biografía acumula velozmente las miserias: malos tratos, violaciones, penuria económica. La adolescente se prostituye y es encarcelada.


Los hombres blancos se alejan del Harlem neoyorquino tras la crisis financiera de 1929, y el antiguo barrio residencial se convierte en el gueto de los negros. Los místicos conviven con los mafiosos, y las bailarinas más sensuales se cruzan con los predicadores en un paisaje de iglesias rodeadas por burdeles. Los escritores ponen su sello: la Meca de la bohemia negra. Allí se abren los clubes que concentran la música experimental y el jazz, y allí empieza a actuar Billie Holiday (Baltimore, 1915 – California, 1959). La chica se refugia en el sitio que le sirve para cantar sus humillaciones de recién liberada de la cárcel.


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Billie lleva tiempo sobre los escenarios a cambio de propinas irrisorias. Tiene dieciocho años cuando la descubre el productor John Hammond, miembro de una familia adinerada y quizá el hombre que se acerca a ella con las intenciones mejores. Se dice que, medio siglo más tarde, Hammond muere escuchando un disco de la que fue su protegida. Gracias a él, la muchacha logra trabajo en orquestas prestigiosas, graba varios temas, colabora con los pianistas Teddy Wilson y Count Basie y, sobre todo, con el saxofonista Lester Young, alma gemela. Debajo de la voz de Billie Holyday, y a veces filtrado entre las palabras, el saxo de Lester Young expresa la misma herida”.



FRANCISCO JAVIER IRAZOKI


(Fragmentos del libro La nota rota; Hiperión, 2009)

marzo 05, 2010

MÚSICA EN ÍTACA (6)








ROBERT WYATT

“Wyatt participa como baterista y cantante en los cuatro primeros álbumes de Soft Machine, colabora con Pablo Picasso y, en 1970, edita un disco en solitario (The end of an ear). Debe abandonar el grupo tras tensas disputas con Ratledge y Hooper, que imponen un frío jazz-rock instrumental, y durante mucho tiempo rumia las humillaciones padecidas. Su revancha consiste en inventarse Matching Mole. La burla del nombre («molle» significa blanda en francés) esconde una música atrevida. Electric piano solo, del teclista Dave McRae, o Instant pussy, de Robert Wyatt, transmiten una audacia que para sí quisieran ciertos santones de la batuta.
Y en junio de 1973, el drama. Borracho, Robert Wyatt se arroja a una fiesta desde la ventana de un cuarto piso. Se rompe la columna vertebral, pasa ocho meses de convalecencia en el hospital y queda definitivamente condenado a una silla de ruedas. La experiencia dolorosa y el matrimonio con la pintora Alfreda Benge influyen en su manera de componer. Lo comprobamos en 1974, cuando sale su Rock bottom, álbum de melodías bellas producido por Nick Mason, de Pink Floyd, con la ayuda de Mike Oldfield, Hugh Hooper o el clarinetista galáctico Gary Windo. Wyatt ha dejado de ser vanguardista, pero casi ninguna de sus canciones cae en lo previsible. Siempre hay una nota inesperada. A partir de esas fechas, se aleja de Londres, ingresa en el Partido Comunista inglés y da un puntapié a las modas. Es un buscador solitario: «Creo que he desarrollado una suerte de anatomía mutante, un poco como esas especies de las islas Galápagos que no han seguido la misma evolución que las otras, porque estaban separadas del resto del mundo […] Jamás he tenido miedo de crecer ni de envejecer. Lo que por el contrario me aterra es hundirme como músico en una rutina cotidiana. A mi juicio, existe ahí una forma de sacrilegio. Escribir una canción es como pintar la bóveda de una capilla: en los dos casos intentamos la mayor magia posible. Me gusta Van Gogh, por ejemplo, porque es capaz de ver la belleza imperiosa de una vieja silla o de un tazón de patatas, de pintarlos como si él viniera de otro planeta y viese esos objetos por primera vez», confiesa al periodista Richard Robert”.

FRANCISCO JAVIER IRAZOKI
(Fragmento del libro La nota rota; Hiperión, 2009)