marzo 02, 2015

febrero 22, 2015



 

Orientación sur-oeste
el caos despierta en una silla
a la que permanezco atada.

Todavía conservo el sabor de la ceniza
en las encías, entre los dientes,
en la saliva.

No me han perdonado la resurrección
querían recordarme limpia
transformada en pájaro.

Quién soy ahora
que me torno naranja
a medida que el sol me posee.

MARÍA JESÚS SILVA
Imagen: Una ventana al cielo Edward Hooper

febrero 14, 2015

febrero 08, 2015

 


SI TE RECUERDO

Si te recuerdo es porque canto,
se me enreda la boca
con palabras como clúster y célibe,
adoro el instante
que me dices te grito,
se hiela con fuego
la radio en tu camisa.
Que está la voz sonando
y así obedece, alzado estor que pone
su membrana, su delicada.

Si te recuerdo es porque admiro
tu satélite de rejas en los ojos,
y se supone que cientos de calamares gigantes
han muerto en las costas de California
y
se han perdido a un banco de peces.
Si te recuerdo
no es fácil decirlo con mi voz.
Si te recuerdo,
no es fácil decirlo ni siquiera con mi voz.

Pero me basta.

FEDERICO MONROY
De su plaquette Postales póstumas

febrero 01, 2015

 


Entre todos los heterónimos, Campos es el que se identifica más, a criterio de todos los estudiosos, con Pessoa. Es un ingeniero homosexual de origen portugués y de educación inglesa, siempre con la sensación de ser un extranjero en cualquier parte del mundo. Un párrafo que lo define muy bien, en su vena poética más nihilista, es el siguiente:
Vivir es pertenecer a otro. Morir es pertenecer a otro, Vivir y morir son la misma cosa. Más vivir es pertenecer a otro de fuera y morir es pertenecer a otro de dentro, Una y otra cosa se asemejan, pero la vida es el lado de fuera de la muerte. Por eso la vida es la vida y la muerte es la muerte, pues el lado de fuera siempre es más verdadero que el lado de dentro; tanto es así que el lado de fuera es el que se ve.

Fernando Pessoa
Del libro Cartas de amor

enero 24, 2015

enero 20, 2015


En el cielo la princesa llora sobre el cuerpo del príncipe ciego. Caen dos lágrimas dentro de sus ojos y él puede ver. El rescate. Las lágrimas. Cuéntamelo otra vez. El pelo que cae de la torre. Dejo descansar el libro sobre tu pecho, en la cama. Siempre te leeré. Te lo prometo. Te leeré cuentos siempre, a medida que pasen los años. No te lo dije. Era lo que quería decir. Recuerdo fragmentos de historias de este libro de mi niñez, el resto está vacío. Los cisnes que se van volando. La hermana que cose flores en las camisas. El hermano menor con un ala, un ala de cisne blanco que sobresale por la camisa inacabada, las plumas tiernas, el flojel, la esposa malvada por siempre encerrada para que nadie pueda ver su cara nunca, entonces, ahora, al pasar el tiempo, junta y separada, joven y madura, enferma y matándose con la bebida en casa. Él guarda silencio. Ahora recuerdo lo que había olvidado. He olvidado pero cómo es posible que recuerde que olvido. Los entierros son casi siempre afuera, ponen a los muertos lejos de nosotros, fuera de la casa. Son omisiones, espacios en blanco en el paisaje, señalados e inscritos y llevados dentro como si estuvieran vivos. En el vacío, en el día vacío, hay cosas que se van y que vuelven sólo cuando podemos soportar el recuerdo. La cruz del santuario está vacía sobre el mantel violeta de la Cuaresma, la historia después de la muerte, después de morir, después de morir en la muerte, los que se mueren y los muertos, muertos, muertos.

Siri Hustvedt
De su libro En Leer para ti. Bartleby Editores.

enero 16, 2015




La playa de Dover

El mar está en calma esta noche.
La marea alta, la luna duerme hermosa
Sobre el estrecho – en la costa francesa la luz
Resplandece y se ha ido; los acantilados de Inglaterra alzan,
Tenues y vastos, allá en la plácida bahía.
Ven a la ventana, el aire nocturno es dulce,
Soñoliento, desde la larga línea de espuma
Donde el mar besa la tierra empalidecida por la luna,

¡Escucha! Puedes oír el rugir de las piedras
Que las olas agitan, arrojándolas
a su regreso allá en el ramal de arriba,
Comienza y cesa, y luego comienza otra vez,
Con trémula cadencia disminuye, y trae
La eterna nota de la melancolía.

Sófocles, hace mucho tiempo
Lo escuchó en el Egeo, y trajo
A su mente el turbio flujo y reflujo
De la miseria humana, nosotros
También encontramos una idea en el sonido,
Cerca de este remoto mar del norte.

El Mar de la Fe
También era uno, en su plenitud,
Y rodaba en las orillas de la tierra,
Yacía como los pliegues de una gloriosa diadema.
Pero ahora sólo escucho
su rugir lleno de tristeza, largo y en retirada,
alejándose hacia el sereno de la noche
Hacia los extensos bordes monótonos.
Oh, mi amor, ¡seamos fieles el uno al otro!
Pues el mundo, que parece yacer ante nosotros
Como una tierra de sueños,
Tan variada, tan bella, tan nueva,
No posee en realidad ni gozo, ni amor, ni luz,
Ni certeza, ni paz, ni alivio para el dolor;
Estamos aquí como en una llanura sombría
Envueltos en alarmas confusas de fugas y batallas,
donde los ejércitos, ignorantes, se enfrentan por la noche.
Mathew Arnold (1822-1888)

enero 11, 2015


(...) Luego de estar una semana en París, regresé a Barcelona (entonces trabajaba en la editorial Lumen). Era el 13 de febrero de 1974. Ese mismo día, Julio me envió una carta manuscrita:
       "Ahora estarás tomando un tren, yéndote. Pero volverás, de alguna manera, volveremos a vernos. Hay tantas provincias que todavía no hemos explorado en nuestro país conjunto. No sé si te gustan las canciones de Joan Báez, si te gusta el jazz de los viejos tiempos o el moderno, si eres vampiróloga, si tienes un lunar en el antebrazo izquierdo (son cosas que se saben en verano, los lunares y las vacunas). Y vos no sabés nada de mí, porque nada me preguntás, siempre un poco maravillada, como si yo pudiera molestarme de que me preguntes cómo vivo y de qué largo pasado vengo. O sea que hay provincias y provincias, pero, además, Cristina, ayer hubo tu pequeña mano siempre un poco fría, un poco gorrión en la llovizna, que se posó en mi pelo y me acarició brevemente, deliciosamente [...] algo me dice que vos y yo venimos ya de una especie de relación anterior, avatares de otra remota amistad que no hará más que continuar, como si siempre nos hubiéramos encontrado en París o en cualquier rincón del mundo [...] Déjame ser el unicornio que bebe de la mano de la doncella en los tapices medievales; a su manera, él es feliz, está colmado".

CRISTINA PERI ROSSI
De su libro Julio Cortázar y Cris 
Editorial Cálamo

enero 07, 2015

 

"... Porque, sin buscarte,
te ando encontrando
por todos lados,
principalmente
cuando cierro los ojos..."

Julio Cortázar