septiembre 16, 2016




He tardado en llegar, pero estoy aquí. Desde un punto perdido en la sombra de las nubes, con un desplazamiento millonésimo de segundos caminando sin una dirección exacta. Despojada de todo, porque todo era nada y mi afán de búsqueda me llevó lejos de una selva que se demolía en mitad de los días oscuros. Antes el verde me acogía, pero el gong de la primavera se quedó mudo y yo sorda para descubrir otro sonido que me diera el azul y el amarillo que lo construyen. No sé adónde he llegado, no sé lo que me espera, pero ha pasado tanto invierno. Ese tiempo mide la anchura de mi miedo, que resta y suma mi incapacidad para recibir, mi deseo de entrega. Devoro palabras como ciervos que me trago arrastrando lluvias por una garganta que no puede engullir más flores equivocadas de primavera. Amordazo lágrimas que estorban para construir un nuevo puerto y llego hasta la aldea de las rocas con el hueso al descubierto, donde hay un castillo al otro lado de los cocodrilos.

María Jesús Silva 
Del libro Al otro lado de los cocodrilos (Editorial Baile del sol 2016)
Dibujo: Clara Quintana Silva

agosto 30, 2016

 


He visto florecer montañas, cambiar el azul del mar, y en ese proceso adivinar que eran mis ojos quienes estaban cambiando. No he vivido otra vida. Fue en esta en la que tuve que despedirme de quien me trajo hasta aquí. ¿Es la piel rosada la que me conforma? ¿Qué me atrae a donde no existo y ya he habitado? Salta. Salta del charco. Mira la piel arrugarse. Estas espinas no hieren, sino tus miedos. ¿Acaso no eres tú ya este proceso? Sé la marea que te espera. ¿Quién quiere ser la esperanza?

¿Quién quiere ser la esperanza? ¿Es esperar la única salida? Veo la noche -quizás lejos todavía- y no más oscura -quizás- que esta. Este paso certero no remite y sin su azar estamos perdidos. Ver la noche en incertidumbre y el hoy que a un lado dejas. Trae la noche, madre. Tráela suave a este aliento para que pueda ver la vida.

No hay salida. Ver pasar los días con igual indiferencia que la de un esclavo. Tener el sol y el fluir de los ríos. Contemplar la mañana y saberse final del día. En qué punto del cieno hallaré el otro vacío ya no importa. ¿Será el mar quien cese la lluvia?
FRAN GARCÍA 
poema inédito

mayo 21, 2016


Resultado de imagen de el hueco del lavavajillas

Esta mañana me he levantado con un lavavajillas en mi cocina, bueno en realidad es el que estaba ahí desde que vine a esta casa sur. No sé por qué razón al ponerlo a funcionar no funcionó, ni siquiera cogía agua, ni se abría la cubeta del jabón, sólo un entrecortado suspiro que salía desde el corazón de sal. El técnico vino casi de inmediato. El lavavajillas jamás volvería a funcionar ─sentenció─. Con ayuda de un bisturí corte la gomas, lo vacíe y lo arrastré hasta la puerta, lo arrastré hasta el ascensor, lo arrastré por el portal hasta la calle, lo arrastré por la acera y lo dejé en la basura. Se quedó allí como un deshecho. ¿Dónde la valía de los años? Ahora mi cocina tiene un hueco, un vacío sereno

María Jesús Silva