abril 04, 2011

He leído

"Hace 10 años escribí una novela en la que un estudiante de Secundaria pronunciaba un discurso ante el Parlamento y decía: "Este país lo tiene todo. Aquí se puede encontrar todo lo que uno quiera. Lo único que no se puede encontrar es esperanza". Uno podría hoy decir lo contrario: los centros de evacuación se enfrentan a una seria escasez de alimentos, agua y medicinas; también hay escasez de mercancías y de energía en la región de Tokio. Nuestro estilo de vida está amenazado, y el Gobierno y las empresas de servicios públicos no han respondido adecuadamente. Pero, frente a todo lo que hemos perdido, la esperanza es realmente lo que los japoneses hemos recuperado. El gran terremoto y el tsunami nos han robado muchas vidas y recursos. Pero nosotros, que estábamos tan intoxicados con nuestra propia prosperidad, hemos vuelto a plantar la semilla de la esperanza. Así prefiero creerlo."

Ryu Murakami es escritor y director de cine japonés. Este artículo ha sido traducido del japonés por Ralph F. McCarthy. © 2011, Ryu Murakami. Traducción del inglés de Juan Ramón Azaola. Artículo publicado en EL PAÍS el día 20/3/2011

2 comentarios :

Karla Preciado dijo...

No me canso de decirlo: debemos aprender un poco sobre la mentalidad colectiva de esa nación.

Gracias por compartir el artículo.

Tesa dijo...

Ryu Murakami, no es Haruki Murakami, que sí describe con sus personajes perdidos y extraños y sus tramas surrealista con un poco de sutil humor a esa sociedad japonesa tan contradictoria.

Ryu por lo que he hojeado suele limitarse al realismo sucio y salvaje de los jóvenes de clase media que lo tienen todo "menos esperanza" y yo añadiría que un proyecto de vida. Y que tratan de llenar su soledad entre las drogas y el alcohol o nos cuenta sin saber de donde parten jornadas de personajes hastiados y aburridos de la vida.

Por todo eso, cobra mucha fuerza el escrito que nos has dejado aquí de Ryu Murakami Si ha vuelto la esperanza ya tienen lo único que les faltaba.

Estoy segura que renacerán de sus cenizas y me encantaria comprobarlo de cerca.

Un abrazo, Ada, sigo por aquí.