mayo 21, 2011


De cómo los gatos aprendieron a ronronear

Una leyenda cuenta que hubo una vez una bella princesa a quien se le planteó un desafío que parecía imposible. Tenía que hilar 10.000 madejas de lino en solamente 30 días. Sólo así podría salvar de la muerte a su gran amor, que había sido secuestrado por un rival de su reino.

Desconsolada, la princesa lloraba llena de pena e impotencia porque no se veía capaz de acabar el encargo. Tanto lloró que sus tres gatos, que desde niña la habían acompañado y a quienes quería con toda su alma, sintieron lástima por ella y acordaron ayudarla. Con sus lenguas y sus veloces y hábiles garras, los gatos no solamente concluyeron el trabajo a tiempo, sino que el lino que tejieron fue el más fino y maravilloso que jamás se había visto en aquel reino.

Los tres gatos fueron recompensados por su labor con la habilidad de ronronear. Desde aquel momento y para siempre, ellos y todos sus descendientes serían capaces de entonar el canto que se parecía al que hacía la rueda de hilar. Así nació su ronroneo y desde entonces siempre se ha asociado a la buena comunicación entre gatos y humanos.

TRADICIONAL DE ORIENTE.
Del libro Inspiraciones con tu gato. Edición de ALBERT LIEBERMANN

2 comentarios :

Mos dijo...

Me gusta sentir el ronroneo de los gatos. Me dan confianza mutua.
Tachín y Botín, los gatos de Cristina, a veces ronronean a dúo.
Un abrazo de Mos desde mi orilla.

Tesa dijo...

Preciosa la foto.

Me relaja muchísimo sentir su ronroneo cuando los acaricias.

Mi primer gato, Boris, ronroneaba como un camión y siempre al anochecer, pasando su cabezota por mi cara y cuello.

Mi gata Nina ronroneaba muy suavito, pero a cualquier hora en la que se sientiera bien, sobre todo cuando la acariciaba o le hacía bucles con sus orejas largas y flexibles de siamesa.

Un abrazo, Ada.