He ignorado la gravedad de construir un territorio seguro en el perímetro de tus manos,
al pie de las costuras, junto a los besos de los lunes.
Seguimos arrastrando la duda y el desorden, la prisa de un instante.
Seguiremos proyectando sobre un plano gastado las columnas que sujetan la arquivolta del deseo
en el último vértice.
El sonido crepitante del abedul avisa de las cinco esperanzas que nos quedan,
clava agujas en el porvenir desdibujando la hipotenusa de lo bello,
la locura de silenciar el secreto hasta el infinito y arrancar los ojos acusadores
que nos condena al gabinete de lo prohibido.
Ayer secuestramos a los pájaros para alargar las horas y el sueño
pero nuestro tiempo tiene hoy dos brazos menos.
El vértigo de mañana nos asusta.
No hay mañana.
Nosotros nunca tuvimos un mapa con futuro.
MARÍA JESÚS SILVA