octubre 01, 2013




Desde niña he sido mala, con el corazón helado y difícil. Recuerdo su rostro y su pequeño cuerpo asomado a la ventana del hospital. Agitaba la mano para saludarme y sonreía despeinada y pálida, y gritaba desdentada, ‘hermana, hola hermana’. Yo saludaba con desgana, con el gesto hastiado y enseguida miraba hacia otro lado para que me dejara en paz, para no seguir viendo esos ojos que me atrapaban como un hilo cosido con fuerza y con ternura. En aquella ventana vive una parte de nosotras, de ahí jamás regresamos enteras.
MARÍA JESÚS SILVA 
Fotografía: ROBERTO HERRERO

4 comentarios :

Anónimo dijo...

Hacía, por lo menos, 2 años que no leía tu blog (o más). Pero éso no impide que piense en tí cada día.
Un fuerte abrazo.

Anónimo dijo...

Hay algo de destrucción, en este texto.
M.

Jorge Ampuero dijo...

Certera y entrañable prosa.
Nos leemos.

Saludos.

Tesa Medina dijo...

No puedes quedarte indiferente ante este relato. Hay un desequilibrio entre la pretendida maldad y la ternura que te hace dudar.

Negar la compasión, no nos libra del sufrimiento.

Esa ventana y esa dos niñas atrapadas. Pura magia.

Un abrazo,