noviembre 02, 2011

HE LEÍDO

FUGA LENTA

JUAN MARTÍNEZ de las RIVAS

Editorial Acantilado, 2009

Juan Martínez de las Rivas nos presenta una novela autobiográfica, con tres partes. Narrada en primera persona, cada parte nos cuenta una época del escritor en tiempo cronológico, nos habla del ir creciendo. Se mueve en tres culturas, la española, la alemana y la inglesa. Transcurre el argumento recogiendo parte de su historia personal, desde la infancia hasta la juventud. Vamos viendo el desarrollo de su persona en una familia que descubrimos desestructurada, la separación de los padres, las dificultades económicas, la enfermedad, irreversible de su hermana Isabel, que se convierte en alguien que necesita cuidados y atención especial todo el tiempo y para el resto de la vida. Los diferentes colegios, internos y externos, públicos y privados, la disciplina que imponen y los abusos a los que someten, por los que se va educando. La figura del padre que desea vivir su vida al límite, alguien que no se adapta a los compromisos del matrimonio ni de los hijos, que además gasta más de lo que tiene sin percatarse de lo que ello supondrá para la unidad familiar y eso traerá consecuencias graves. La madre, que proviene de una familia acomodada con título nobiliario, por el contrario trata de mantener la familia a salvo, se entrega al intento de recuperación de Isabel con la esperanza de que se restablezca. Trabaja en lo que puede y parece no perder la capacidad de amar, de luchar, de inventarse cada día para sobrevivir en un espacio que jamás imagino que pudiera existir y vivir.

Me ha parecido un libro duro por las situaciones que vive el protagonista. El lenguaje de la narración es de quietud, con un tono neutro, como si las cosas desde fuera resbalaran por las vestiduras de los días. Sólo percibimos los sentimientos cuando nos muestra el interior, cuando buceamos en sus pensamientos y luchas mentales, sus esfuerzos, la rigidez de la autodisciplina a la que se somete para lograrse mejor. Parece conformarse a vivir lo que sea, lo que le toque en cada momento, una especie de camaleón que cambia dependiendo del espacio y lugar que frecuenta, un sometimiento en la adaptación y aceptación de lo que la vida le ofrece. Sus refugios preferidos tienen lugar en la soledad de leer un libro, de jugar ajedrez, de pasear con su perro. Un niño que va creciendo y quiere entender a los adultos mientras piensa qué hacer con su vida.

Un Fragmento:

“A pesar de haber sido entregado en préstamo por mis padres a varias familias, nunca había tenido la ocasión de convivir con una familia genuinamente española, de modo que muchas de las costumbres me sorprendían. Una de esas costumbres nuevas, que no sabía si achacar a su españolidad o a su pequeñoburguesisimo, era la de quejarse constantemente de todo. Una variante que me sorprendió aún más era el uso de la expresión ‘depre’: ‘Estoy, sigo, me noto depre, aún no he acabado de salir de la depre. ¡Qué depre!’ (…)

Otra de las costumbres que me asombró de la pequeña burguesía española -aunque fuera enriquecida, seguía siendo pequeña de carácter- era la de encadenar chistes. Antes, durante o después de una comida, alguien decía ‘¿Te sabes el del marica cojo?’ o ‘¿El del ingeniero luxemburgués y el andaluz con legañas?’. Una vez que uno de los presentes soltaba un chiste, no se detenía el monólogo o intercambio hasta que se hubieran dado a conocer todas las novedades en circulación. Los chistes trataban invariablemente de seres considerados inferiores o diferentes (es decir, inferiores otra vez): palurdos, homosexuales, extranjeros, minusválidos. Además de la escasa gracia que encontraba yo en lo que ellos reían a lágrima lanzada, papada tensa y mejilla coloreada, me sobrecogía ver cómo sustituían una verdadera conversación -acontecimiento desconocido en el lugar- por una suelta de cartuchos prefabricados de risa fácil. Me era imposible reír en ese estado de ánimo y eso les confirmaba en sus sospechas de mi anormalidad. ¡¿De dónde había salido ese intruso adolescente?! ¿Ni siquiera se podía reír tranquilamente de un simple chiste o qué?”

4 comentarios :

Anónimo dijo...

Libro de gran calidad. Excelente prosa. Muy recomendable.
F.J. Irazoki

Anónimo dijo...

Un derroche de talento y una lección de cómo se escribe una autobiografía.
Juan Gracia Armendáriz

Anónimo dijo...

Espero con impaciencia la continuación...
Abrazos
M.

Tesa dijo...

Tiene muy buena pinta, Ada, me lo apunto.

Además, seguro que me identifico con el autor, siempre me he sentido un bicho raro por no disfrutar de lo "genuinamente español", tampoco soporto que la gente se pase el día quejándose sin motivo, ni los chistes racistas, machistas o simplistas, que más da, no me hacen gracia, aunque soy una persona de risa fácil.

Gracias por este descubrimiento.

Muchos besos