junio 14, 2010

ÁLVARO BERMEJO

Álvaro Bermejo (San Sebastián, 1959) fue miembro de CLOC, grupo de escritores surrealistas. Ganador de muchos premios literarios y autor prolífico, ha publicado las novelas Las arenas y el templo (1986), El descenso de Orfeo (1988), La madona de la tempestad (199), Benarés (1993), El juego de la mandrágora (1995), El reino del año mil (1998), La piedra imán (2001), El Evangelio del Tíbet (2008).

Una columna periodística:


EL SEXO DE ALICIA

Walt Disney nos la presentó como una niña remilgada recién salida de una caja de cereales, Tim Burton la ha reconvertido en una adolescente rebelde con un toque gótico en 3D. ¿Cómo era la verdadera Alicia que inspiró este relato prodigioso surgido de la imaginación de un personaje tan perturbador como Lewis Carroll?


En este tiempo de escándalos de pederastia dentro de la Iglesia se podría escribir un buen libro con esta historia de un amor imposible entre el reverendo Charles Dodgson –el nombre real de Carroll- y una niña de diez años llamada Alicia Lidell. La amó apasionadamente desde su primer encuentro, cuando apenas tenía cuatro años, pidió su mano a los once, la fotografió vestida pero sobre todo desnuda, le escribió centenares de cartas, y ni siquiera renunció a ella cuando se casó con un petimetre libre de toda sospecha.


Como era un austero victoriano el reverendo Dodgson nunca pudo expresar la naturaleza de sus pecados. Los sublimó en un mundo mágico habitado por conejos acuciados por el estrés, reinas despóticas y sombrereros locos. ¿Qué significaba Alicia en ese imaginario? Su más absoluta obsesión sexual y, al mismo tiempo, su única posibilidad de redención.


Para entenderlo tenemos que viajar a un tiempo en que las niñas impúberes se presentaban como apetecibles sex symbols, cuando una inglesa podía casarse legalmente a partir de los doce años. Poe lo hizo con una de catorce, y Ruskin fue incapaz de consumar el matrimonio con su esposa porque la noche de bodas descubrió -horror- que “tenía pelos en el pubis”. El reverendo Dodgson era diferente. Las niñas le atraían, precisamente, porque con ellas se sentía sexualmente a salvo. Pero Alicia, la Alicia real, no se salvó de la leyenda.


A los veintiséis años sedujo al príncipe Leopoldo pero la reina Victoria prohibió esa relación. A los treinta enviudó y se arruinó. Subastó en Sotheby’s el manuscrito de “Alicia”, invirtió la suma en Bolsa y volvió a arruinarse. Su vida fue un completo desastre. Murió dejando una frase para la historia: “Estoy cansada de ser Alicia en el País de las Maravillas”.


Sólo en la vida podemos encontrar esta cuarta dimensión de la realidad que supera a todas las películas en 3D, y cuyo último secreto se llevó a la tumba el reverendo Dodgson. Al otro lado del espejo de la razón un duende llamado Lewis Carroll nos desafía con la inquietante sonrisa del Gato de Cheshire. No siempre es en la parte más luminosa del alma donde habita el niño que fuimos y que somos.


ÁLVARO BERMEJO

1 comentario :

Tesa dijo...

Alicia en el pais de las Maravillas siempre me ha pàrecido un relato inquietante y con muchas lecturas.

Sigo conservando un cuento ilustrado precioso y algunas veces lo releo.


Otro escritor que no conozco, a ver si le echo un ojo. Parece inteligente.

Un beso, y achuchón para Holy