enero 13, 2012

HE LEÍDO

La delicadeza

David Foenkinos
Seix Barral, 2011
Esta es una novela como de cuento de hadas. David Foenkinos nos cuenta la historia desde un narrador omnisciente, aquel que lo sabe todo, en tercera persona, para favorecer el objetivismo y la distribución de la narración a su antojo, en ocasiones hace una pausa para dirigirse de forma directa al lector. El autor nos muestra el corazón que anida dentro de las personas más normales y lo hace con encanto, con humor, con poesía. Una historia que nos habla de la ternura, de los seres que amamos, de la felicidad, de los milagros que están en lo pequeño. Refleja la vida, la belleza, los sentimientos. Los personajes se perfilan perfectamente y les vamos conociendo extraordinariamente, a medida que la historia avanza incorporándoles a nuestros días como si fueran alguien que forma parte de nuestra rutina. La novela en sí es la superación de un duelo, algo terrible sucede y marca la vida de esa persona que se queda desamparada y totalmente perdida. En vez de centrarse en lo negativo nos muestra lo positivo, el avance para salir de la profunda tristeza. Un elogio a la lentitud, a prestar atención y oídos al otro. De repente nos vemos envueltos en una mezcla de “Amelie” y “La elegancia del erizo” de Muriel Barbery. Dice el autor en una de las entrevistas: “La novela es amable con una estructura sencilla y aderezada con toques de ternura y humor y que transita entre el drama y la comedia. Ofrece lo que su título indica, delicadeza, en un mundo acelerado y brutal, donde nos creemos que todos los amigos aparecen con tan sólo apretar el botón del ordenador. Más que de la búsqueda de la felicidad y el amor, de lo que nos habla es de la oportunidad, de los momentos, de esos momentos especialmente propicios al milagro, instantes que es complicado forzar pero que llegan cuando estamos atentos.” La búsqueda y el encuentro de algo, de alguien, que te ayuda y anima a pensar que seguir viviendo tenía un sentido y una recompensa.
La novela contiene, además, multitud de referencias a autores y obras clásicas que “invita al lector que lo quiera a acercarse a Cortázar y su ‘Rayuela’, a Cioran, a tantos otros.”
Pronto se llevará a las pantallas de cine protagonizada por la actriz Audrey Tatou.

Un fragmento:

-Quería enseñarte esto.

Se sacó entonces del bolsillo el dispensador de caramelos Pez, y, al instante, el padre sintió la misma emoción que su hija. (…) Había en los Pez toda la ternura del pasado, todo lo que se había dilapidado con el tiempo también, no brutalmente, sino de una manera difusa. Había en los Pez el tiempo de antes de la desgracia, el tiempo en que la fragilidad se resumía a una caída, a un arañazo. (…)

Seguía pensando que todo eso podía llevarlo al sufrimiento, a la decepción, al callejón sin salida afectivo más aterrador que existe. Sin embargo, tenía ganas de seguir ese camino. Tenía ganas de partir hacia un destino desconocido. Nada era trágico. Sabía que existían transbordadores entre la isla del dolor, la del olvido y aquella, más lejana todavía, de la esperanza.

4 comentarios :

Mos dijo...

Tomo nota de él, Ada.
Me gusta lo que explicas y el tema que trata.

Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.

Agus dijo...

A mí lo de "Sabía que existían transbordadores entre la isla del dolor, la del olvido y aquella, más lejana todavía, de la esperanza" me parece un tanto cursi.

He clicado en el enlace de su nombre que me ha llevado a la Wikipedia. Veo su foto a la derecha. Leo al pie de la foto. El hombre se encuentra en una feria del libro o algo así. ¿Qué clase de escritor pierde su tiempo acudiendo a estos lugares?

Ada dijo...

Agus: Supongo que cada uno 'pierde' el tiempo de la forma en que le place. Cada uno es libre de administrar su tiempo y lo que hace o no hace con él es asunto suyo, unos ven fútbol, algunos incluso lo juegan, otros ven tele, eso es porque la tienen, otros pasean, van de cañas...y a mi forma de entender todo es compatible con ser escritor.
Un abrazo

Tesa dijo...

Está mejor visto el malditismo, sobre todo entre los jóvenes sin experiencias vitales y todavía como es lógico sin muchas lecturas a sus espaldas, pero nada es más difícil para un escritor que emocionar sin ser dramático y contar unos hechos desgarradores y oscuros.

Al escritor Murakami se le puede tachar de rarito pero no de cursi, y sin embargo la desesperación y la tristeza de sus personajes es pura poesía con el añadido de la música que en su obra es muy importante.


Por eso creo que este libro me puede gustar. Gracias por traerlo hasta aquí y compartirlo.

Un abrazo,