mayo 23, 2009

CUENTO ZEN


LA LUNA EN UN VIEJO CUBO


Una monja estudiaba el Zen, día tras día, desde hacía treinta y tres años. Había entrado en un monasterio como joven novicia a los diecisiete años. Tenía ahora cincuenta. Su vida de fertilidad había terminado. No sentía amargura por ello. Se dedicaba a las ocupaciones cotidianas con paciencia y buen talante. Preparaba el arroz o la cebada, iba mañana y tarde a buscar agua al pozo que había a unos cien metros. A veces la visitaba una nube de melancolía, pero ella la apartaba. Ponía en práctica el zazen con regularidad, meditaba, estudiaba los escritos de los grandes maestros del pasado. Pero nunca había conocido el Satori, la paz inimaginable, que inunda bruscamente el alma asombrada, la risa, la gran risa del Despertar.

Un atardecer, volvía del pozo cuando caía la noche. Observó sin pensar en ello el reflejo de la luna en el agua del cubo. Era un cubo viejo, cuyo fondo había reparado ella con bambú trenzado. T de repente cedió la compostura y el agua escapó, y al instante desapareció también la luna con el agua del viejo cubo. En aquel preciso instante, ella conoció el Satori. Fue libre.


*****

El Satori es el despertar a la conciencia de Buddha, la iluminación, según las doctrinas del Zen, surge durante un acontecimiento inesperado, una casualidad o conciencia favorable, para las mentes preparadas para acogerlo.

El Zen es una experiencia íntima que permite unir lo visible y lo invisible, lo relativo y lo absoluto, lo que pasa y lo que permanece. No es ni el bien ni el mal, ni el sí ni el no, ni el vacío ni lo pleno. "Es el dedo que señala la luna", como dice el proverbio chino (y en lo que se fija el tonto es en el dedo). El Zen es una lámpara encendida, un fuego en lo alto de la colina, una consciencia despierta.

¡El ruiseñor!
De cien personas,
¿Cuántas lo advierten?

(Ryokan, Pays natal)

Cuento extraído de Los más bellos cuentos Zen, Henri Brunel.
Imagen: d.emule.com

1 comentario :

Tesa dijo...

Me gusta esa imagen de la luna en el cubo. Un amigo me dijo una vez que yo era muy zen, aunque no lo practico. Será porque busco la serenidad en la vida, y escucho el canto del ruiseñor entre los ruidos de la ciudad, y olisqueo la hierba de los parques, porque necesito pocas cosas materiales para sentirme bien...

Ya me contarás cómo te fue en tu viaje.

Un abrazo para ti y achuchón para Holly.

Me quedo un rato por aquí.